José Briceño Diwan

hace 2 años · 2 min. de lectura · visibility 0 ·

chat Contactar con el autor

thumb_up Relevante message Comentar

Relato de un balsero de asfalto (parte II)

  Boa Vista-Uruguay

Salí de Boa Vista a las nueve de la mañana, iba emocionado, otro tramo, pero ahora con la incógnita de cómo me comunicaría con los brasileros, mientras estaba en Boa Vista tenía traductor y asistente de confianza, después de subir al bus estaría de mi cuenta, tenia mucha vergüenza pues en verdad maltrataba tanto ese idioma que al conversar ( o intentarlo al menos) sentía cometer una afrenta a los ciudadanos de aquel país, aunque es más que mi inglés de aeropuerto, da mucha pena con los brasileros ya que maltratar un idioma me parece un pecado capital. El amigo que me recibió en Boa Vista se despidió en la rodoviaria (así le dicen al terminal de autobuses) donde abordé una unidad de la línea Eucatur que haría el traslado hasta Manaos a 12 horas de distancia , por cierto nunca se alegren mucho del cuento de wifi gratis ,eso funciona nada más en las ciudades y una vez en la carretera todo se pierde, un plus es que las unidades son cómodas , no tienen música ambiental y el aire acondicionado no es una maldición gitana como en Venezuela, por tanto el viaje no es ni tan amargo.

En el camino hubo varias cosas que me sorprendieron, primero en el autobús hay agua mineral a discreción, de esa que viene en envases pequeños y están en una nevera a disposición de quien quiera, otra fue que en Brasil el café de la calle, ese que venden en los termos, es decir , sin máquinas de expreso ni de otra naturaleza, es una maravilla, la verdad es que los amigos lo toman más o menos amargo pero con azúcar y es barato tomar café en cualquier sitio de Brasil pues las paradas fueron desde fondas arrabaleras hasta restaurantes de esos que venden la comida por peso, un robo total por cierto, como todos esos sitios donde te venden comida lista pero por peso, un nuevo fenómeno que descubrí. En ese viaje además fue donde conté en otro post nos bajó la policía a tres prostitutas y a mí, una vez superado el trauma de la detención momentánea seguimos la marcha por una carretera recta que parecía no tener fin, de hecho, fueron poco más de 12 horas de camino recto, sin curvas, acaso algunas pendientes, pero igual una recta que aburría no más ver por la ventana ya que parecía moverse como en una banda sin fin.

Más allá de la imagen que yo tenía de los autobuses de lujo que solo hacen paradas en la vía para comer, este además también tenía pasajeros que se bajaban en sitios que sorprendían. Caída la noche, un señor con toda la estampa de vivir en el campo solicitó al chofer que lo dejase en medio de la nada, en serio, me asomé por la ventana y no se veía ni una sola luz , en otras condiciones quizás me hubiese parecido aterrador el asunto de un autobús estacionado en el medio de la noche y al descampado pero como estaba en otro país supuse que allá el hampa no era como en Venezuela donde no atracan aviones porque les es muy complicado meter paracaídas de contrabando en el equipaje de mano. Una hora más tarde se bajó una señora con tres niños, iguales condiciones de nada a cada lado de la carretera, sin embargo, esta vez la señora obligó al chofer a hacer varias paradas hasta que estuvo segura de estar en la parada correcta, ahí si había unas casas y la fue a recibir un hombre con tipo físico indígena y acompañado de cuatro perros, seguramente serian la versión brasilera del anillo de seguridad en la selva.

Mas detalles en el libro que está en venta desde este enlace de Amazon

Relato de un balsero de asfalto (parte II)


thumb_up Relevante message Comentar
Comentarios

Más artículos de José Briceño Diwan

Ver blog
hace 11 meses · 4 min. de lectura

La nada existencial del siglo XXI

Lo que más agobia a la humanidad (luego del justif ...

hace 1 año · 6 min. de lectura

Realidad a la venezolana

Día 100b · Estos tiempos han demostrado que, como ...

hace 1 año · 4 min. de lectura

Amaneció de golpe

La mañana de un viernes de septiembre, amanecieron ...