José Briceño Diwan

hace 2 años · 6 min. de lectura · visibility 0 ·

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Crónica de un día cualquiera en Venezuela

 

Cuando tenía once años, en alguna de las vacaciones escolares, estaba de visita en una casa que tenía mi padre cerca del mar, aquella residencia tenía un amplio patio, tan grande que comunicaba con la calle de atrás por donde invariablemente salían los vehículos estacionados. Había ido con mi abuela que si bien era una buena mujer sufría de manía organizacional que usualmente iba mezclada con un muy débil manejo de la ira súbita que brotaba ante el primer intento insurreccional de quien fuese, y yo no era una excepción, aquella casa vacacional tenía un amplio patio trasero que fungía como estacionamiento cuyo suelo no estaba asfaltado ni con construcción alguna, aquella mañana cayó una profusa lluvia que había dejado empantanado todo el patio, por lo que andar hasta el carro sin terminar sucio era toda una proeza. Como es normal en el trópico y tanto más cerca del mar, andaba descalzo, al salir al patio había dejado mis zapatos en una ventana con el agravante de haber dejado los calcetines usados dentro del calzado, razón por la cual mi abuela ordenó que las sacase para que no oliesen mal.

Eran tiempos en los que no existía la televisión por cable ni la satelital, cuando menos no para gentes de clase media tirando a baja como nosotros, por lo que la única opción de entretenimiento era lo que hoy llamaríamos televisión de señal abierta, en aquella casa había un aparato que tenía una larga antena aérea en el patio trasero, que a su vez era sostenida por unos alambres que evitaban que se balanceara mucho cada vez que hacia viento , uno de esos alambres pasaba justo por encima de un cable eléctrico con el que hacia contacto pero al cual nadie había puesto atención bajo el supuesto de que todos sabían y evitaban tocar nada de aquel aparato, bueno, nadie me avisó y al ir a buscar los zapatos quise evitar pisar un charco que circundaba la base agarrando la antena para saltar, recordemos que llovió toda la noche, estaba mojado el piso y andaba descalzo, lo último que sentí fue esa desagradable sensación de la descarga eléctrica fluyendo por mi cuerpo sin alivio posible, abrí los ojos en un hospital de pueblo rodeado de caras asustadas mientras un médico hacia lo que después supe eran 15 puntos de sutura por donde (según los entendidos) salió la electricidad, ahí supe que había estado muerto algunos minutos y que ese equipo médico me trajo a la vida.

Cuarenta y tantos años más tarde

Hay madrugadas, mientras me preparo para ir a trabajar, cuando pienso que morí en aquel accidente y por algún movimiento karmático me tocó el infierno venezolano ya que a los once años difícilmente pude haber cometido algún acto que mereciera tal castigo. Quizás fue la vez aquella en la que luego de una fiesta me quedé dormido en una esquina cualquiera de un barrio peligroso y cuando desperté estaba frente a mí un fulano con un pico y una navaja preguntando por otro que le había robado algo de casa, a lo mejor por uno de esos misterios del universo parte del castigo es recordar esos episodios de casi muerte (o 10 minutos de muerte en el caso de mi accidente infantil) como para que la duda perviva cada mañana mientras me preparo para ir a un trabajo que dista dos horas o más de distancia por un sueldo que alcanza si acaso la subsistencia mínima, tanto es el drama que hasta sufro una crisis gástrica por estrés.

A pesar del mal humor matutino por la idea del viaje al trabajo, cuando salgo a la calle evito detallar el terrible entorno urbano en el que resido para distraerme con los colores y la forma de los cielos desde la montaña en la que vivo, siempre son una maravilla, tanto que muchas veces me pierdo en pensamientos menos trágicos al amparo de la ensoñación matutina del amanecer, todo más o menos bien hasta que llego a la estación del metro de caracas, vuelvo a pensar en la idea del castigo infernal.

En esas estaba pensando en la perfidia del diablo quien puede fácilmente hacer de Venezuela una capital infernal menor, honor que comparte con Siria , Afganistán, Irak, Corea del sur y otros países con similares esplendores de artificio infernal, de seguro entre los colaboradores del inframundo la cosa es como los empleos gubernamentales donde todos son expertos pero como nadie sabe nada se desviven en ser imprescindibles para los jefes adornándolos con cuanto halago se les ocurre , hasta serviles se vuelven para poder figurar. Los esclavos infernales han de ser algo así y los delegados por transformar Venezuela en un espacio idóneo para el solaz de Belcebú en persona , se esmeran en llevar la retorcida cuerda de la maldad hasta cotas insólitas que están al borde de dejarse descubrir, asunto importantísimo para el departamento de defensa del infierno tropical #3 , que ha sido el designado para ejecutar la operación de dimensionado diabólico bajo la expresa asistencia técnica por parte de varios miembros importantes de la corte de condenados modelo como el padrecito Stalin , el camarada Fidel y el comandante de sabaneta , quienes desde su insondable sabiduría maligna intentan reducir su pena diseñando infiernos a la medida de la exigencia que se espera de un consejo experto de tal talla.

Estos infiernos “menores” existen como una suerte de pre-castigo donde las almas condenadas hacen su pasantía y al morir, cuando pasen unos cuantos miles de años en la eternidad del castigo final, cuando el dolor y el miedo ya no tienen más espacio donde crecer para convertirse en una normalidad cualquiera que ya ni molesta de lo acostumbrada que está el alma castigada, en ese momento de aburrimiento, cuando busques las que por lo general deberían ser los recuerdos más felices, los de la vida. En ese instante el castigo sube un par de peldaños más en el momento en que caes en cuenta que estás mejor ahora en el infierno pues peor ya no hay, en cambio en vida, siempre hay capacidad para vivir de modos más infames.

Es un pensamiento terrible que mastico durante el tiempo que voy viajando en el metro, por lo menos los días en los que no tengo nada que leer para perderme hasta llegar a mi estación. Lo peor es que es absolutamente factible que así sea, lo que no vuelve menos aterrador el pensamiento debido a la imposibilidad de validar alguna tesis , sobre todo desde que tomas conciencia de que si mi pc inventa miles de mundos a partir de personajes casi humanos recreados en un laboratorio digital o en la sala de algún adolescente , quien quita , quizás pudiéramos ser entes creados para el disfrute de alguna civilización interdimensional , la locura e inconsistencia de la humanidad dan para pensar que tanta ridiculez que sucede en el planeta pueda formar parte de alguna realidad organizada por un ejército de resentidos sociales que fabrican las cosas más absurdas, dolorosas , espantosas y hermosas que hace la especie humana , todo eso hace complicado pensar que sucedan de gratis sin aplausos en alguna parte del cosmos, de otra entonces peor la sensación de saberse participante activo del eterno naufragio de la tierra que vive así quizás como trauma genético luego del seguramente espantosa inundación del diluvio universal que dios regaló como ofrenda a su muy querida obra , en este caso también vale criticar un poco a un dios omnipotente que hace mal su trabajo fabricando seres sin la perfección esperada de tan elevado espíritu (punto para la teoría infernal) a quien seguramente las matemáticas se le deben dar mal, quizás el dios sea la parte en combate con el verdadero creador más cercano al infierno que otra cosa, aunque aparentemente los celestiales del barrio elegante del inframundo se metieron por diversión a molestarle el oficio al sabio Lucifer quien por pura envidia pobló la tierra como campo de pruebas para castigos futuros en otros planetas y dimensiones , ese tráfago de colonizar la obra de satán terminaron por entrenar las legiones Romanas que luego mutaron las espadas por los misales para catequizar el mundo , así se metieron por todas partes y volvieron a construir un imperio más vasto que todo el conquistado por las espadas , parte de la diversión es hacerle creer a las pobres victimas que al morir van al paraíso cuando en realidad terminan en el infierno, una cosa macabra entre las entidades con las que me enseñaron a creer.

De todo eso es factible que esta dimensión sea una suerte de regalo de consolación que le entregaron a Luzbel en vez de pagarle la liquidación mil millonaria de varios milenios de servicio, le dieron en trueque la oportunidad de ser dios sin las complicaciones de la bondad. Recordemos las guerras, los asesinatos por causas raciales, religiosas o sexuales, los robos, violaciones, tiranías políticas donde todo lo demás es parte de su normalidad, además claro de las mil cosas extrañas que le suceden a uno mientras transita por ahí. Como todo el entramado religioso/católico/cristiano depende directamente del castigo como consecuencia de las maldades pero si tienes la suerte de tener un sacerdote cerca al momento de la muerte, con un acto de arrepentimiento el delegado celestial con poderes extendidos sobre todo el asunto espiritual de criaturas menores (como los humanos) , te da el perdón de todos los pecados cometidos en vida dándote un pase VIP al cielo sin castigo por tus maldades pero si caes al descampado hasta el beso que le robaste a la niña aquella con la que cursaste el primer grado C decidirá el tiempo que pases en el infierno pero si viste en función de media noche a Jane Fonda en Barbarela y tuviste sueños lúbricos con ella , te ganas un pase directo a la paila número siete por cometer el pecado de lujuria , el subconsciente es el verdadero YO de la personalidad múltiple que implica ser humano . tan perverso el panorama que en realidad pone en duda la historia del génesis cristiano, no es necesario ser filosofo para verle las costuras al personaje divino por lo que acrecienta mis sospechas de que en algún momento se traspapeló la cosa, si Lucifer es el verdadero creador, entonces lo malo es aquello que parece ser bueno, eso explicaría la razón de ese placer sensual que les produce a muchos la maldad, si fuésemos una especie tan inteligente ser malvado seria la excepción y no la regla en esta calle tan enmarañada.

Todo pensamiento externo se borra en horario laboral, mis reflexiones están enfocadas a hacer mi labor con la mayor pulcritud posible, responder emails, publicar mis escritos de manera tan vedada que nadie sospeche que soy opositor acérrimo trabajando junto a una piara de fanáticos gubernamentales acompañados de sus hermanos mayores, los militares. Como consolación, justo al salir del metro y caminar las ocho cuadras hasta el edificio donde laboro , termino por pensar que todo esto de haber pasado a otra vida luego de alguno de los múltiples episodios de casi muerte (o muerte) por los que he pasado en mi vida , todo eso es una patraña para justificar una depresión con la que me he tenido que acostumbrar a vivir, una formula menos complicada para lidiar con esta cotidianidad aplastante de existir nadando apenas para no ahogarte pues la corriente no te deja remontar hasta la orilla por mucho que te esfuerces.

José Briceño 2019

Crónica de un día cualquiera en VenezuelaP.D; Busco empleo, cualquier cosa @jbdiwancomeback en twitter

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