José Briceño Diwan

hace 2 años · 4 min. de lectura · visibility 0 ·

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Xenofobia y Venezolanos

 

Desde hace rato leo en todas las redes sociales, prensa digital y grupos en internet sobre la xenofobia que se cierne sobre mis paisanos en toda Latinoamérica. Cada nueva información está invariablemente comentada por muchos en contra y otros tantos a favor de ese pavoroso asunto de odiar de gratis al prójimo, de hecho he oído también a paisanos hablando pestes de su gentilicio, llegando incluso al extremo de hablar a la perfección el dialecto local a fin de pasar desapercibidos para evitar el maltrato por parte de los nacionales del sitio donde viven.

El tema da para todo, sin embargo aún no he leído en ninguna parte propuestas para minimizar el efecto de la xenofobia, análisis certeros ni siquiera someros sobre las causas del mal comportamiento de algunos de los paisanos que están regados por todos lados pues seamos claros, los venezolanos han huido hasta donde han podido para buscar mejoras en la calidad de vida. Entre la multitud que cruza las fronteras hay de todo, desde profesionales hartos de mal vivir, malvivientes buscando ganar más a fuerza de lo que sea, trabajadores humildes que se deslumbran npor el espejismo de un sueldo mínimo que traducido a Bolivares son millones allá pero que en otra tierra es como en todas partes, el sueldo mínimo es ínfimo y apenas alcanza para medio vivir con un extremado esfuerzo , sobre todo en las clases menos educadas hay la creencia que con solo salir de Venezuela se acomoda la situación personal para formar parte de la sociedad que te recibe, craso error que pagan con sus vidas en algunos casos y en otros los obligan a sobrevivir a la mala pues como si fuese poco, ante la tristeza venezolana muchos se van sin documentos y otros tantos lo hacen con documentos pero las normativas locales limitan la regularización migratoria volviendo títulos y experiencias recuerdos lejanos y si tienen suerte serán parte de los millones de subpagados que sobreviven al borde de la miseria.

La xenofobia tiene muchas caras y casi todas las he visto, desde el que te maltrata apenas oyéndote hablar, el que te estafa con supuestos empleos que a su vez son otra estafa pero que en tu condición de trabajador ilegal es imposible denunciar, a su vez esa condición de subpagado hace que muchos empresarios inescrupulosos contraten mano de obra barata, asunto que molesta a los nacionales quienes (acertadamente) se quejan de que le quita el trabajo. En el caso de los malvivientes, de esos no se puede hablar mucho sin embargo el país que los recibe debería cuando menos solicitar antecedentes penales o tomarse el tiempo aunque sea de googlear al aspirante para privarle la entrada si posee antecedentes penales, de los pobres de solemnidad que se vienen sin documentos tampoco pues la ley es la ley, pero eso no es excusa para apelar a malas conductas para sobrevivir. El último caso, el de los profesionales que cruzaron la frontera con ganas de trabajar tampoco escapan a ser subpagados en empleos donde malgastan sus habilidades, sin embargo muchos hasta agradecen pues fuera hay oportunidad de comer tres veces al día aunque no de sueños de American Dream.

Las causas de la xenofobia van desde una natural animadversión a la vulgaridad de muchos compatriotas que aún no se sacan el chip del barrio donde vivían en Venezuela , a los malvivientes que andan estafando a diestra y siniestra que además roban en las calles, y como ya dije líneas arriba por que los empresarios inescrupulosos ofrecen muy bajos sueldos que quien tiene hambre y desamparo lo toma pues de otra la solución es volver a su tierra o morir de hambre en tierra extraña, por último los profesionales que tienen la suerte de estar legales y que por su superioridad académica logran cargos (igual subpagados si lo comparan con sus iguales locales) llevándose por encima a muchos otros nacionales que aspiran al mismo puesto de trabajo, si a todo eso le sumamos la ridiculez y el amarillismo de muchos medios de comunicación hay por supuesto el caldo de cultivo para que te odien por tu pasaporte sin saber ni siquiera si eres mala o buena gente, el gentilicio te condena de una vez.

Soluciones hay muchas, desde que el país receptor pida antecedentes penales a todos aquellos que pretendan pasar hasta organizar a las fundaciones de acogida para que levanten un petitorio a los gobiernos para agilizar visas humanitarias a los que las soliciten, incluyendo claro programas de formación en áreas laborales para los extranjeros que deseen tomarlos. Hay países que ya están tomando medidas en ese sentido y se aplauden sin embargo hay otros donde las medidas humanitarias parecen no tener impacto real en la cantidad descomunal de emigrantes venezolanos que se cuelan por las fronteras de cientos de maneras aparte de la legal. Para mitigar la xenofobia los paisanos deberían hacer sus propios medios de comunicación, solicitar a fundaciones que a su vez demanden mesura a los medios pues francamente están haciendo fiestas semánticas para avivar el asunto xenofóbico solo por tener más visitas en sus notas a su vez hacer presión por todos los medios posibles para que los gobiernos de los países que reciben a los emigrantes relajen un poco las medidas para permitir que los emigrantes puedan regularizar su situación legal , solo así podrán dejar de ser parias para comenzar a ser parte productiva del país que los acoge incluyendo la generación de impuestos y la colaboración plena con la sociedad, a los molestes pues nada, esos “amigos” deben ser deportados sin mucho ruido, no es posible que ninguna nación reciba gentes con prontuarios policiales, pero la inmensa mayoría no tiene ni siquiera un paseo en patrulla policial, son gentes de bien que escapan del hambre pues en Venezuela hasta quien tiene trabajo pasa hambre.

Otra cosa, ya basta de dar lástima diciendo lo miserables que nos sentimos por estar pobres y desamparados en tierra extraña, toca ponerse los pantalones, buscar soluciones y por sobre todas las cosas, dejar de dar razones para que los locales nos odien, muy al contrario hagamos causa común para que nuestro gentilicio sea bien recibido, organicemos a los profesionales y los que tienen oficios para que den instrucción a quienes no a fin de capacitar para el trabajo, denunciemos de manera organizada el maltrato laboral, la estafa y la segregación que es un derecho humano contemplado por todas las naciones que comprenden las convenciones internacionales, vetemos a los medios amarillistas y seamos solidarios con el que lo merece.

José Ramón Briceño

@jbdiwancomeback

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