José Briceño Diwan

hace 2 años · 6 min. de lectura · visibility 0 ·

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Instantáneas de la ficción cotidiana

Una mirada hacia el universo paralelo de la normativa social latinoamericana 


Es normal que los no-fumadores , militantes de la ultrasalud y sumos sacerdotes de la nueva era, pregunten en que consiste el placer de fumar, eso de aspirar humo de tabaco, que sabes por demás que te ensucia los alvéolos hasta (en muchos casos) hacer que sufras de enfisema o peor, cáncer, les parece un sin sentido. La suerte ha logrado que descubriese muy temprano que nadie sabe realmente lo que otro puede encontrar de placentero si de plano rechaza la sensación, por asociarlo a algo sucio como el hollín que se supone aspiro cada vez que enciendo con placer casi sensual un cigarrillo de tabaco rubio, tan buena es la sensación que los fumadores preferimos jugarnos a la ruleta de los males que dejar este vicio (pseudo ) socialmente aceptado y digo “pseudo” porque en estos tiempos los fumadores nos hemos vuelto unos parias, tanto así que si te descubren fumando en una habitación de hotel te cobran una multa exorbitante , que si a ver vamos hacer del cuerpo en mitad del cuarto no es penado con más multa que paga extra con generosa propina al infeliz que tiene que limpiar pero dejar la habitación oliendo a humo cuesta seis quincenas o más de la plantilla completa de obreros de limpieza. Seamos claros que dejar un reguero de pestilentes desechos corporales en medio de una habitación ajena es una ofensa muy superior a la de fumarse un inocente y absolutamente legal cigarrillo, eso deja al placer de aspirar humo algo muy cercano (o peor) a la coprofagia.

En fin, la reflexión viene al caso porque ahora la moda es ser empático, sentir de manera solidaria el dolor ajeno, pero me parece que esto solo es una máscara más de la hipocresía socialmente necesaria con la que convivimos por el asunto aquel del civilismo de los inteligentes del siglo XXI. Ser empático es tan complicado que ni siquiera puede ser explicado a plenitud tomando como ejemplo algo tan común como el sexo. Sin pecar de mojigato me resulta en exceso incomodo comunicar a nadie como tal o cual señorita/señora pasó la noche conmigo, en principio es de mal gusto y al final son cosas tan personales que me niego a compartir más que con la imaginación (cuando toca recurrir a ella) por lo que jamás pasaría por mi cabeza intentar hacer a nadie empático con mis cuentos ni necesito publicar los puntos anotados, debido a eso me cuesta pensar que necesite de la comprensión de nadie ni de publicidad tampoco, mucho menos buscar que otros sean empáticos con respecto a este tema.

Desde hace unos años la sociedad ha sido más abierta a que todos tengan variedad , desde hace poco las redes sociales explotaron y pareciera más fácil, ser luminarias de tuiter mostrando fotos de sus múltiples parejas con orgullo de la cacería mostrada, el problema está en que se ha banalizado hasta hacer del porno una referencia obligada y encontrada con mayor facilidad gracias a los Smartphone que ha democratizado la pose como si de algo extraordinario se tratase, en vez del muy cotidiano instinto sexual realizado en provecho personal, no de la especie , es muy común que se vuelvan famosos (sin quebrantar reglas sociales) actores y actrices de un porno que dista mucho de tan siquiera ser una forma de arte, esto a su vez trae como consecuencia que la hipocresía social llegue a niveles insólitos pues muchos ven porno pero casi nadie lo admite en público , sin embargo google lo sabe y hasta estadísticas muestra de manera pública por lo que es posible medir su popularidad entre los internautas, no hay escondite posible para las preferencias humanas , el ahora banalizado acto sexual se ha vuelto una pose más, el gusto por el goce sensual se ha perdido, la mecánica básica es, aquí te pillo aquí mismo resolvemos y rápido por favor que disfrutar la cercanía, expresar afecto o tener algún amago de confortante intimidad son más aburridos que el trago, el porro, la fiesta, Internet o lo que sea, poniendo distancia hasta que vuelva otro calentón y se repita la operación, eso sí, con malabares, poses, formas más dignas de una competencia gimnastica que dejar que las situaciones floten hasta ir variando más como cosa natural que por culpa de alguna coreografía.

Todos hemos sentido y deseado siempre subyugarnos al placer universal por la carne que nos gusta (en mi caso heterosexual pero usted siéntase libre que no es problema) y digamos que podemos acercarnos al placer que fingen los protagonistas, comencemos por interiorizar que su condición de teatro es un incentivo bastante válido para que a uno se le espanten las ganas, pero eso no pasa , siempre queremos ver y pensar como sentiríamos si fuésemos esa pareja, eso de plano es falso que si sientes lo mismo que los protagonistas te quedas frígido ya que tengo la experiencia de que la carne sin cuando menos una atracción real me seca las ganas, lo ignoras y te inventas la ficción de lo que pudieras sentir con tal mujerón tan dispuesta y en la cama, es pura farsa pues la verdad si te hechas un polvo de cuarenta y cinco minutos caes desmayado o pides tiempo por que la cosa es para disfrutar no para matarse. En resumen , ni en eso somos empáticos pues cada película es tan real como el héroe que mata cien mil enemigos con un cuchillo de postre y sale vivo, sin entrenamiento previo casi ningún macho latinoamericano promedio, con algunos kilos de más y mayor de cuarenta (como yo) sobrevive a una sesión con ninguna pornostar del presente o el pasado, así que de plano el goce del entretenimiento está en vivir inmerso de manera automática en la para-ficción que compone la farsa paralela que surge de cualquier medio de entretenimiento con el agravante que lo aplican en la vida real como si de una forma correcta del ver el mundo se tratase y oh espanto, lo es. Así que pensar que pudiésemos tomar el acto sexual como alguna suerte de sencillo ejercicio que pudiera acercarnos a ejemplificar eso de ser empáticos es perder el tiempo, en todo caso pudiéramos pensarlo como una referencia desde la cual todos extendemos nuestra imaginación pero en ningún caso hacernos empáticos pues cada quien basa sus tesis en la experiencia previa y en ningún caso respondemos a la realidad, eso es parte de otra discusión que tampoco tiene nada que ver con la empatía, más bien hablaríamos de la para-ficción.

La para-ficción responde a esos acontecimientos de otra ficción que integran una puesta en escena literaria o teatral, así como el programa favorito de los niños Simpson, esa caricatura espantosa de un gato y un ratón con sangrientos chistes donde se destripan de la manera más explícita, aunque sigue siendo ficción suponemos que responde a otras características pues es parte de la farsa televisiva que ven las caricaturas por lo que debe ser más disparatada que la caricatura misma, eso igual aplica con la música o en la literatura con los delirios del novelista de radio en “La tía julia y el escribidor” de Nobel Mario Vargas Llosa que es de los más grandes del mundo, integra dos relatos, uno que suponemos “real” que cuenta las peripecias de Marito para casarse con la jamona Tía Julia (amiga de su madre y por tanto de la edad de la progenitora) escapando del brillante título de abogado que debía ostentar el hijo dilecto de una familia de clase alta para terminar siendo escritor de radio que incluye padre furioso con revolver al cinto, fugas, falsos documentos y hasta la justicia rocambolesca típica de Latinoamérica , eso junto a los guiones escritos por el libretista de la emisora quien olvida las tramas por lo que mata a todos los protagonistas cada noche para revivirlos al día siguiente con las tramas y los roles intercambiados sin cambiar los nombres por lo que terminan ser unos cuentos muy divertidos pero delirantes , como para que el lector pueda asomarse a la caótica mente de un escritor aparentemente en decadencia pero de tal brillo que aun mal escritas , sus historias son una maravilla.

Así mismo funciona el mundo, todos viven bajo el pesado ejercicio de imaginar sin alegría ni brillo, siempre es con mala intención, así se inventan dramas innecesarios que se extienden hasta lograr en muchos casos obligar a matarse por necedades mutadas en maldad. La esposa celosa maquina traidoras tragedias de infidelidad mientras el marido está en el trabajo , la que no cela se miente a si misma imaginándose mejor actriz que una pornostar , insustituible e invencible ante la teórica competencia , en todo caso aquella maravillosas amigas de la noche alegre se imaginan no siendo tomadas en cuenta y deciden sin preguntar que pueden comer lo que les apetezca del mostrador que no existe compromiso, aun en las veces que una pregunta a tiempo en vez de una suposición basada en su imaginación, una confesión bien podría ser una felicidad compartida hasta que la muerte o el hastío aparezcan para llevárselo todo, como acostumbra hacer. En la oficina cualquier cosa puede ser motivo de elucubraciones maléficas que fácil terminan una vida profesional gracias a la pérfida imaginación del colectivo que construye enemigos a quien apenas tiene tiempo para incluir a los poco interesantes compañeros por lo que el silencio es de desdén y no de odio, para no caer en tentaciones viscerales, en mi caso específico de razonamientos absurdos con excusas no menos tiradas de los pelos.

La parte más amarga es que ni uno se salva de vivir de esa manera, aunque la gente que piensa del mismo modo que yo, sabe que imaginar es un acto de supervivencia mental, la mayoría de lo que vemos son realidades alternas para entretener nuestro intelecto mientras los otros lo utilizan como arma, en vez de puñaladas, balas o golpes, el verbo es utilizado para sobrevivir entre la maldad que suponen los amenaza , estar bien incluye minimizar potenciales “enemigos” , hasta la gente que me odia sabe que lo hace de gratis porque los borro de mi pensamiento sin dolor ni nostalgia, desaparecen de mi repertorio de personajes, puede que revise mi bibliografía para saber de dónde conozco al fulano/a para esquivar posibles problemas pero inmediatamente olvido, la vida debe de estar llena de ficciones edificantes no de manchas grises que ensucian el limitado panorama que transito en este ejercicio de supervivencia que llamamos vida.

Fumar es un acto sincero , todo fumador sabe disfrutar su marca preferida, los que fuman el muy barato que venden los buhoneros, el empleado clase media que gasta algo más y el empresario (o político) que importa tabaco rubio que habla inglés con acento de Virginia se rinde ante el placer de su humo, no se cuestiona, solo se disfruta, tampoco se teoriza, simplemente lo enciendes y te rindes ante el goce sensual del humo invadiendo los pulmones, no hay ficción ni mala fe, mentiras para agradar, orgasmos fingidos, excusas para esconder nada, solo fumas sin pudor en cualquier sitio donde te lo permitan, siempre respetando el gusto ajeno. Cosas de la vida, el placer más sincero mata y tú lo pagas con gusto, en lo único que podemos ser empáticos es en el ejercicio de los vicios y el placer que proporcionan, lo demás , a menos que lo hayas vivido , no es más que parte de la retórica de la ficción humanista del siglo XXI .

José Briceño 2019

Instantáneas de la ficción cotidiana


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