José Briceño Diwan

hace 2 años · 3 min. de lectura · visibility ~10 ·

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Ensayo sobre la ignorancia

  Usualmente la percepción sobre ese fenómeno tan común  está relacionada con la ausencia de conocimientos, la verdad (a mi criterio) es todo lo contrario, las razones para asegurar eso son varias, comenzando claro con la idea de que el asunto no es tener conocimiento si no saber qué hacer con él, estando claro que el conocimiento absoluto simplemente no existe, por tanto por mucho que aprendas sobre algo siempre quedaran lagunas. Conozco mucho ignorante lleno de títulos universitarios, muy doctos señores (y señoras) que exigen se les diga doctor, licenciado , pos doctor o maestro alegando que por sus años de estudio son automáticamente sabios y que por tanto su palabra equivale a la ley, jamás dudan de los autores que han leído, citan estudios, cifras, textos sin aceptar jamás alguna duda razonable sobre la veracidad de los datos o peor aún, bajo ningún concepto pueden tan siquiera pensar que su interpretación pueda estar errada, sin caer en cuenta que al final no aportan absolutamente nada nuevo, a fin de cuentas no son sino intérpretes de experiencias ajenas , poniendo voz a gentes que como ellos usualmente languidecen en sus puestos de trabajo, disfrutando el onanista placer del reconocimiento forzado por títulos plenos de conocimiento mecánico , muy puntillosos con las normas, esos que nunca han inventado ni puesto en duda nada, y son legiones.


Entre todos ellos los más perniciosos son los políticos, sin importar mucho en cual partido militen. Donde no deberían existir, entre los que manejan los hilos de la burocracia universitaria son idénticos a los políticos esos que cambian todo para que nada cambie, ellos tampoco aportan y su trabajo es asegurarse que los que vienen atrás también sean de la misma especie, nada de nuevas ideas sólo repetir e interpretar. En el caso de quienes militan en algún partido es igual de grave pues sus decisiones por lo general involucran cambiar (para peor) las vidas de los ciudadanos, si no me creen salgan y hablen con cualquier teórico de las ciencias sociales cuyo discurso esté intoxicado por eso que llaman de muchas maneras pero que se resume al marxismo, no importa cuántos argumentos le saque, ese personaje les citará párrafos enteros de muchos libros, dirá excusas sin ninguna originalidad y cuando ya se le acaben los argumentos esgrimirá alguna bobera sentimental sobre los pobres o lo injusto del sistema capitalista.

Los sacerdotes de todas las religiones son más o menos iguales pues dictan muy profundas cátedras sobre temas de los que al final no existe ninguna prueba certera de su existencia, sin embargo son considerados muy sabios y si por ellos fuese el mundo sería una cosa peor aún de lo que ya es, así la lista sigue y se hace casi interminable de tanto sabio ilustradísimo con el gravante de que ese conocimiento enciclopédico solo les sirve para comportarse como muy doctos loros amaestrados, recitan mucho pero en el fondo no saben nada y de paso toca reverenciarlos.

Ciertamente hay quien en verdad no sabe nada ni le interesa saber más allá de lo que necesitan en el día a día, ellos son importantísimos para que el resto de aquellos nombrados párrafos arriba sientan que sus vidas tienen sentido , este tipo de gente se divide a su vez en muchas categorías siendo la más perniciosa esa que avala cualquier cosa solo porque lo dice alguien “que sabe mucho” o lo usual, ese sabe tanto que no tengo que pensar, ese otro lo hace por mí y seré feliz en mi nada intelectual, esta categoría representa el 65% de la población mundial aproximadamente, no aportan nada, consumen mucho, forman hordas para defender cualquier idea que crean justa (así las evidencias demuestren lo contrario) y solo se rebelan cuando les afecta directamente algo pues de resto hacen bulto, gritan consignas, cometen barbaros actos además de regocijarse en ellos para luego acusar a todos los demás de ser ignorantes por no seguirles el juego.

Los ignorantes beneficiosos, de hecho los que necesitamos más son aquellos que aun llenos de títulos o distinciones siempre andan en búsqueda de algo más allá de lo considerado como cierto, asumen todo bajo el supuesto de que en el fondo nadie realmente sabe nada. De estos ha dependido la humanidad entera para sus avances pues de otra todavía seguiríamos muriendo por infecciones simples, no tuviésemos electricidad, vacunas, viajes en avión, en tren , carro o espaciales, incluyendo las comunicaciones junto al muy reverenciado internet y tantas otras maravillas que hasta hace apenas treinta años fueron ingrediente vital de los argumentos para la ciencia ficción y hoy son parte de la vida de millones de personas, sin que estos les presten mayor atención más allá del esnobismo de mostrar sus posesiones, aun estuviésemos anclados en el siglo XIX, a pesar de los deseos de muchos.

La ignorancia bien llevada, esa que obliga a los escritores a inventarse vidas, los artistas a explorar maneras de decir cosas, los científicos a buscar respuestas más allá de lo aprendido en la universidad, los filósofos a complicarse la vida explorando todas las facetas del pensamiento, en fin, todo aquello que nos vaya sacando poco a poco de la caverna iluminada por el limitado entretenimiento de lo aceptado como sacrosanto y que muchas mentes iluminadas sienten que hay algo más allí , los enemigos de la sordidez de los absolutos y la calma de quienes aceptan que siempre van a faltar conocimientos es lo que al final toca aplaudir de pie y apoyar sin tener en cuenta nada más, que para ignorantes comunes hay muchos que los excepcionales deberían ser más pero gracias a la arrogancia natural del ser humano, que aun estando en cuenta de la inmensidad del universo se sigue creyendo la única especie inteligente con todas las respuestas , ojalá que la ignorancia constructiva siga creciendo y que la destructiva termine de anularse que en verdad la historia no los necesita, aunque los demagogos se desgarren las vestiduras asegurando lo contrario.

José Ramón Briceño, 2019

@jbdiwancomeback

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