José Briceño Diwan

hace 8 meses · 4 min. de lectura · visibility ~10 ·

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El gran hermano

 

Mucho se habla sobre la privacidad, que si tuiter, Facebook, Instagram o Whatsapp pero no escucho ni leo en ninguna parte que toquen a google, si vamos a comenzar a despotricar en contra de la manía del control y de cómo somos espiados por todos lados creo que deberíamos comenzar por el más interesado en que los daos personales de todos fluyan, al final de algo han de vivir esos grandes conglomerados mediáticos que utilizamos a diario sin que nos cueste un centavo, vale, para los venezolanos cualquier gasto en internet es siempre cuesta arriba, sobre todo por el gran esfuerzo que significa para cualquiera tener una tarjeta de débito o crédito de donde sacar los fondos para cancelar el servicio, tanto peor si lo que tenemos es que cancelar productos digitales vitales como el email, para todo debemos tener un correo electrónico , como si fuese poco los teléfonos móviles necesitan tener una cuenta para poder funcionar, he ahí el nodo del problema.

Por alguna rezón misteriosa creemos que los servicios que se ofrecen son gratuitos, eso es una falacia del tamaño del océano, todo lo que sucede en internet ha de ser basado en el intercambio de alguna cosa vital, en nuestro caso de los datos que pueden servir para movilizar la inmensa maquinaria comercial que permite el flujo lucrativo del internet, para ello y sin darnos cuenta regalamos esa información a cambio de espejitos, nuestros datos personales alimentan inmensas bases de datos con las cuales los proveedores del servicio pueden organizar campañas, generar ingresos y hasta vender esos datos a otras empresas interesadas en vender sus productos sin tener que andar dando tumbos, al final, luego de mucho andar buscando entre la información sobre etiquetas, horarios de uso, grupos etarios y hasta las costumbres de compra según el huso horario o las costumbres locales , todo funciona pero lo que en realidad sirve es pagar post publicitarios para que eso llegue al público exacto, eso solo es posible con la información precisa sobre las costumbres de los usuarios , en las redes sociales hay una serie de algoritmos que se encargan de eso, pero para todo lo demás está google.

Todos hemos visto como si hablamos de un producto, sistema religioso o cualquier tema que esté en el tapete, enseguida recibimos en nuestro email propaganda al respecto, de igual manera las redes sociales hacen lo propio, somos bombardeados por publicidad a la medida de nuestra palabra, que se recopila inteligencia artificial mediante, el gran hermano ha llegado y lo recibimos con los brazos abiertos, solo el navegador y su historial ofrecen suficiente información para que los millonarios del internet sigan acumulando riquezas, al final el asunto es de más cuidado, no estamos solos, Google se encarga de estar atentos al mínimo requerimiento. Cuando abrimos la cuenta de correo, un programa recaba toda la información, apareja la geo localización, registra las costumbres no solo de navegación, sabe las noticias que lees, escucha las conversaciones, procesa todos nuestros correos y de paso la ofrece no solo al mejor postor, cualquier gobierno puede solicitar tu historial así como acceso a tu email y saber hasta con quien haces sexting vía internet.

Ante este fenómeno toca tomar previsiones, así como hay quienes cierran con una calcomanía la cámara de su laptop, otros utilizan cuentas de correo cifradas para sus comunicaciones, navegadores sin rastro (como DuckDuckGo por ejemplo) quizás hasta cancelan servicios de servidores privados para resguardar su información, pero el 98% de la humanidad utiliza despreocupadamente Google como proveedor de email además de ser su navegador principal, luego de angustian por la privacidad. El asunto no es quejarse, es buscar modos de evadir la intromisión de los geeks del otro lado de la pantalla, me parece de muy mal gusto dejar entrar a una cuerda de gentes que no tienen idea de quién eres para comentar tus secretos, vale, uno es un anónimo más entre los siete billones que viven en el planeta, lo más seguro es que nuestra información personal pueda parecer basura cibernética para la mayoría de las agencias gubernamentales pero para google somos los sujetos a quienes deben venderles todo lo imaginable, desde entretenimiento hasta educación pasando por mil temas mercadeables por la red, eso tiene un costo.

Una de las verdades menos amables es que en realidad lo único gratis en el mundo es el amor y a veces ni eso, amor con hambre no dura y si dura no perdura, uno puede ser muy bonito pero algo deberá dar a cambio para que sea reciproco el sentimiento, pueden ser fondos para mantener hermosas damas (o caballeros, eso depende del gusto de cada quien) pero para eso aunque sea debe haber intercambio sexual y el dinero es poder, por tanto eso de la gratuidad es un engaño del que ninguna cosa en internet escapa pues hay costos operativos, de infraestructura o de personal que mantener , esos costes no son nada bajos , por lo tanto alguien debe pagar por eso y lo único que pueden hacer todos es mercadear a los usuarios como sujetos de fácil venta para millones de productos, los gobiernos a su vez recopilan esa información para establecer estadísticas, los comerciantes la compran para vender y el usuario la regala para acceder a un servicio que si a ver vamos tampoco es vital, nadie se ha muerto por no tuitear, postear o googlear, estuvimos casi sesenta mil años sin eso pero ahora, en solo diez nadie puede vivir sin estar conectado, tanto así que el uso y abuso de todas las plataformas de entretenimiento al parecer están directamente relacionadas con un retraso en el desarrollo de las habilidades relativas a la inteligencia, la mayoría parece dejar que el cerebro funcione solo bajo la egida del entretenimiento, lo demás es simplemente algo como para ser funcionales y así poder ser parte de los engranajes económicos que sostienen la inmensa red digital que ya es global.

Siempre me gusta pensar que hay modos de encontrar soluciones, sin embargo ahora solo se me ocurre la inconcebible idea de desconectarme del todo, desaparecer de las redes para volver la vista hacia lo que es realmente importante, pero el mundo no lo permite, solo espero poder ganar lo suficiente en algún momento como para pagar servicios privados que me saquen del incomodo lugar en que por ahora me mantiene Google, amanecerá y veremos.

José Ramón Briceño

28/01/2021

El gran hermano

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