José Briceño Diwan

hace 1 año · 4 min. de lectura · visibility 0 ·

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Apunte sobre la esclavitud contemporánea

Desde muy niño tengo una relación muy especial con los perros, de hecho en el sitio donde vivo conozco a dos vecinos pero todos los días saludo a no menos de ocho perros entre mi casa y la parada del autobús, sin embargo, jamás he tenido uno como mascota, cada vez que pienso en la posibilidad de adoptar un cachorro invento una mentira sobre tener perro solo cuando viva con alguien para evitar que el animalito sufra mucho de soledad o de cuanto limita la libertad de acción cuando toca alimentar una mascota que necesita tanta atención como los perros, después de mucho pensar llegué a la conclusión de que no tengo perros porque pareciera que soy un esclavista, eso me impide pensar en tener un ser vivo esclavizado a quien le exijo hasta que no se defienda cuando se le debe dar un correctivo vía periódico enrollado, si se defiende como debería ser su derecho como individuo , en caso de no dejarse lastimar enseguida es tachado de peligroso y por lo general el dictamen termina en eutanasia.

Si los perros se pudieran tener como a los gatos que hacen su vida como les place, no se ven encerrados a un cuadrado que bien puede ser pequeño como un patio o mediano como jardín pero igualmente los gatos tienen todas las azoteas del mundo para pasearse cada vez que les provoca. Entonces tienes a un amigo incondicional en vez de una relación de vasallaje al que condenas al encierro eterno de tu cariño, lo castras o esterilizas, le impides el contacto con la naturaleza, los usas de procreadores para hacer dinero con sus crías, los marcas, mutilas, vejas con el incordio de la correa cada vez que paseas tu trofeo social de como mantienes feliz a tu esclavo. Puede que en Asia donde no solo son mascotas si no también parte de su dieta los vean como nosotros vemos a las vacas, muy gigantes y todo pero solo sirven para comer, por mucho que quieran hacerlas ver como posibles amigas en vez de comida, es complicado hacerse amigo de una masa inmensa que solo muge y te ignora olímpicamente, en cambio los perritos son otra cosa.

Quizás eso tenga que ver con el severo caso de incomodidad que me generan las personas de autoridad, esos que se asumen dueños del patio sin modestia ni decoro, como los militares que asumen que todos los civiles en el mundo somos subalternos por no portar galones ni tener antigüedad en la fuerza como para merecer respeto o consideración , a menos claro que seas el doctor fulano, diputado mengano, camarada, primo, hermano , cuñado, compadre , amante o comadre de alguien que bien puede ser del funcionario o de algún factor de poder que le pueda traer problemas, cuando no es así, el atropello es la norma , se comportan como si obedecer órdenes directas de algún alto funcionario es una dadiva divina que lo vuelve heraldo de los dioses de la galaxia donde hay más soles que inteligencia pues van con Una orden urgente de mi general, el jefe endiosado o cualquiera que pudiendo respetar las formas prefiere violentarlas para demostrar que no es tan insignificante como se siente cada mañana de su vida. Con el paso de los años he aprendido a moderar mi ímpetu contra el sistema, cambiando la actitud contestataria por un desdén disfrazado de respeto, la urbanidad no cae mal nunca y los que la desconocen tienden a confundirla con deferencia, una pequeña e inútil venganza contra el sistema que cometo a diario para sentir que todavía quedan ímpetus a esta edad.

Cuando veo esas gentes maleducadas disparando balas verbales plenas de odio, pienso que el momento de ser esclavos totales no está muy lejos, aunque en realidad somos algo cautivos de nuestros sistemas políticos , a ver cuántos de nosotros podemos ciertamente sentirnos a salvo cuando estamos rodeados de policías o militares, cuantas posibilidades hay de que caigas preso aun sin haber cometido más delito que el de estar vivo , cuantas defensas tenemos en contra de quienes representan la ley, no es un caso exclusivo de mi país, eso lo vemos en todas partes cuando por ejemplo; alguien solo por no tener un documento de identificación al momento de caer en una redada policial no se asuste porque sabe que tres horas en cualquier cárcel son eternidades para quienes no ejecutamos más delito que el de ser olvidadizo, sales bien si solo te roban el celular y el dinero, eso con los mismos paisanos de tu ciudad que si te vas de ilegal hasta peor la puedes pasar, cada mañana estas a merced de un empleo con horario definido pero con sueldo corto cada quincena, pagas impuestos, estás supeditado a vivir subyugado en el propio país donde naciste pero lo peor es que no recibes beneficio alguno de tus aportes, los impuestos se supone son parte de lo que debemos poner de nuestro bolsillo para que el país funcione bien cuando menos en áreas públicas , sin embargo la realidad es otra, la libertad plena solo la tienen los animales.

La esclavitud es algo espantoso de la que solo nos hemos librado un poco, pasamos de ser vasallos de alguien hasta finales del siglo XVIII cuando comenzó a gestarse la llamada clase media que tuvo una explosión demográfica en los años setenta del siglo XX, para terminar siendo esclavo en el muy avanzado siglo XXI atado a la incorpórea figura de la nacionalidad. Si lo ponemos en términos generales pudiéramos decir que todos somos ciudadanos del planeta tierra y que el país donde vives es solamente una convención de geolocalización como requisito de identidad ,pero al final el mundo es también tu lugar de nacimiento, por tanto las fronteras deberían de ser simples figuras administrativas para poder mantener un registro confiable de las identidades que pertenecen a los ciudadanos, aunque es una utopía complicada sería interesante que aunque fuesen los continentes, como medida particular decidieran practicar alguna forma de fronteras abiertas, con homologación de títulos y libre mercado entre todas, algo así como la unión europea pero sin las tramas extrañas que se llevan unos países con otros allá, así me sentiría un poco menos esclavo y más ciudadano.

Por todas esas cosas prefiero saludar a los perros haciendo énfasis en los callejeros que alimentan en las calles, los que vine en las estaciones del metro, los que te tropiezas en las calles por ser de amos desconsiderados e insensibles pues la salida del animal no permite su reingreso hasta que el dueño de casa vuelva a todos los que me mueven la cola los saludo, a los callejeros con sentida simpatía y a los de casa con profunda tristeza por su cautiverio. Puede ser que esté equivocado y sea solo una apreciación muy personal que no toma en cuenta el insondable sentimiento de amor filial que tienen casi todos los dueños de esos perros que se vuelven uno más de la familia, en el eterno niño que no crecerá, tendrá hijos o se soltaran del dominio materno o paterno, puede ser que sea que no entiendo el amor y solo por eso mal interpreto esta clase de cariño como una forma de esclavitud socialmente tolerada.

José Briceño, 2020

Pd; En algunos matices se parece mucho al matrimonio.

Apunte sobre la esclavitud contemporáneaNEE

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